Compartiendo nuestra experiencia de fe

La fe, nos lo recuerda la Carta a los Hebreos, “es garantía de lo que se espera y prueba de lo que no se ve” (Hb 11,1). La misma fe que compartían las primeras comunidades cristianas cada vez que se reunían en nombre de Jesucristo, es la que comparte todo fiel creyente cuando se reúne en comunidad a celebrar el misterio pascual.

Fe fue lo que decidimos compartir un grupo de seis personas con la comunidad de Llano Tugrí. Partimos del centro misional Jesús Obrero de Tolé: un sacerdote (P. Carlos), un profeso (Fr. Roger Iván, el que escribe) y tres delegados de la palabra (Martín, Efraín y Lázaro). Todos íbamos no con la intención de llevar algo nuevo, ya que la misma comunidad es fuente de evangelización, sino de compartir lo que nos une como cristianos y como comunidad creyente en Jesucristo: nuestra FE.

La comunidad de Llano Tugrí está ubicada en la Comarca Ngäbe Buglé, en las faldas de la cordillera central del país que limita con la provincia de Bocas del Toro. En esta comunidad cristiana, sin contar las necesidades económicas que tenga (algo común en toda comunidad), se reúne un pequeño grupo de cristianos católicos que domingo tras domingo celebra su encuentro con el Señor, reunidos en comunidad.

Ésta comunidad, hasta finales de febrero, no contaba con un lugar para reunirse y celebrar la fe. A partir de esa fecha, gracias a Dios, al aporte de la ONGA y a la colaboración de los miembros de la comunidad, se hizo posible la construcción de la primera capilla católica en Llano Tugrí. Esta obra fue posible no sólo por la financiación de la ONGA, sino también por el esmero de la comunidad, pues fue la primera en mostrar interés por dicho proyecto.

Toda la población de Llano Tugrí está conformada por Indígenas Ngöbe. Menciono esto porque en algunas comunidades de la comarca también hay campesinos, es decir, no indígenas. En esta área, estos últimos se dedican al cultivo de la tierra de la cual sacan repollo, lechuga, patatas, cebolla, etc., los cuales les sirven para el sustento cotidiano y para satisfacer la necesidad básica de la alimentación. De lo que producen, lamentablemente muy poco puede salir al mercado debido al mal estado en que se encuentran las carreteras, que dificulta la accesibilidad en carros (coches) hasta el lugar. Además, transportar estos productos a caballo es complicado y poco recomendable, ya que se pueden lastimar y perder calidad, cosa que es importante a la hora de ofrecer un producto al mercado. Todo esto, unido a la lejanía del sitio, hace difícil el acceso y la salida del lugar. Sin embargo, esto no hace que la comunidad no sea acogedora con los visitantes, todo lo contrario, los hace conscientes de que ante los demás hay que dar una buena imagen y hay que hacerlos sentirse cómodos en la comunidad.

Lo antes dicho no quiere ser simplemente un itinerario de un visitante cualquiera, que va a un lugar a conocer, sino la experiencia de un cristiano que comparte su fe con otras personas.

Ésta experiencia me ha enriquecido como persona, ya que aprendí una serie de valores ignorados por mí. Siento que de esta manera todos podremos asumir el mandato de Jesús “Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación” (Mc 16, 15), que hará posible la formación de comunidades que se reúnen para compartir la Fe. Y gracias a esto, seremos coherederos con Jesús del Reino de Dios, pues eso es la fe: que compartida se hace comunitaria y comunitaria se hace vida y vivida nos hace más humanos.

Fr. Roger Iván Guerra OSA